El Centro de la Celebración tiene que ser Jesús.  La Primera Comunión no tendrá sentido si no aumenta y se fortalece en el niño o niña la  amistad con el mejor Amigo, que es Jesús.

La Celebración de la Primera Comunión es una excelente ocasión para que toda la familia vuelva sus pasos y su mirada hacia Dios.  No se puede convertir en un mero acto social donde todo es importante: la comida, los vestidos, lo regalos, todo menos Dios, de quien nadie se acuerda y se le relega a un rincón.

No se puede acabar todo con la Celebración. Se abre una nueva etapa para vuestros hij@s y para vosotros, padres, quienes tenéis que acompañarlos en este camino espiritual. Es muy importante vuestro apoyo, vuestra ayuda, vuestro ánimo y sobre todo vuestro acompañamiento para que no se vea solo en este camino de fe.

UNAS PAUTAS PARA LA REFLEXIÓN